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Bienvenido-Welcome
Bienvenido a este blog. Especialmente tú, que eres uno de los jaimesdecristal de tercero.
Bienvenidos también aquellos que lo fueron.
martes, 23 de noviembre de 2021
Diptongos e hiatos 2
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viernes, 9 de abril de 2021
miércoles, 24 de marzo de 2021
domingo, 7 de marzo de 2021
lunes, 1 de febrero de 2021
Voz pasiva
¿Cómo se construye la voz pasiva?
Voz activa: Sujeto / verbo / objeto.
Por ejemplo: El presidente pronunció un largo discurso.
Voz pasiva: Objeto / verbo ser + participio / por / agente.
Por ejemplo: Un largo discurso fue pronunciado por el presidente.
Ejemplos de voz pasiva
A continuación, brindaremos ejemplos de oraciones en voz activa en primer lugar, y su correspondiente versión en voz pasiva marcada en negrita.
- Colón descubrió América en 1492.
América fue descubierta en 1492 por Colón. - Mi mamá preparó una torta de vainilla y chocolate.
Una torta de vainilla y chocolate fue preparada por mi mamá. - Los chicos organizaron un baile para fin de año.
Un baile de fin de año fue organizado por los chicos. - La maestra borró lo que estaba escrito en el pizarrón.
Lo que estaba escrito en el pizarrón fue borrado por la maestra. - Un grupo de delincuentes asaltó el banco de la esquina de mi casa.
El banco de la esquina de mi casa fue asaltado por un grupo de delincuentes. - El mecánico reparó rápidamente el auto de mi papá.
El auto de mi papá fue reparado rápidamente por el mecánico. - La ambulancia llevó a mi abuelo al hospital.
Mi abuelo fue llevado al hospital por la ambulancia. - Mi tío pintó todo el frente de mi casa.
Todo el frente de mi casa fue pintado por mi tío. - Los Rolling Stones cerraron el festival de Rock.
El festival de Rock fue cerrado por los Rolling Stones. - Mi primo estacionó el auto en la cochera nueva.
El auto fue estacionado en la cochera nueva por mi primo. - Mi profesor de música afinó la guitarra.
La guitarra fue afinada por mi profesor de música. - Mi suegra dejó a los chicos en la puerta de la escuela.
Los chicos fueron dejados en la puerta de la escuela por mi suegra. - Barack Obama ganó las últimas elecciones en Estados Unidos.
Las últimas elecciones en Estados Unidos fueron ganadas por Barack Obama. - Mi mamá planchó todas las sábanas de la casa.
Todas las sábanas de la casa fueron planchadas por mi mamá. - Mi vecino ganó el torneo de tenis del barrio.
El torneo de tenis del barrio fue ganado por mi vecino. - El hombre pisó la luna el 20 de julio de 1969.
La luna fue pisada por el hombre el 20 de julio de 1969. - Los chicos no aprobaron el examen de ingreso a Medicina.
El examen de ingreso a Medicina no fue aprobado por los chicos. - Lionel Messi anotó el último gol del partido.
El último gol del partido fue anotado por Lionel Messi. - Martín escribió el libro en menos de dos semanas.
El libro fue escrito por Martín en menos de dos semanas. - Los chicos se comieron los sándwiches que habían sobrado.
Los sándwiches que habían sobrado fueron comidos por los chicos.
Fuente: https://www.ejemplos.co/20-ejemplos-de-voz-pasiva/#ixzz6lDQHc2NV
viernes, 6 de noviembre de 2020
Gramática: análisis morfológico
Pinchando en el folio te llevará a los ejercicios de gramática que está haciendo el bueno de Carmelo Coloretes.
jueves, 5 de noviembre de 2020
Lengua
La palabra "lengua" es una palabra polisémica, es decir, tiene varios significados. La que ves es conocida gracias a un grupo llamado Rolling Stones. No me refiero a ese sentido de la palabra. Hablo de la asignatura de lengua. Si haces click en la punta de la lengua te llevará a un montón de actividades para practicar lo que se ha estudiado en clase. Tan solo hay unos 400 ejercicios. ¡Tanto gusto!
miércoles, 4 de noviembre de 2020
Los clavos
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Los clavos |
Había un niño que tenía muy mal carácter. En
cuanto alguien le llevaba la contraria perdía la paciencia y se ponía a
discutir. De hecho, por su forma de ser, se estaba quedando sin amigos.
Él se daba cuenta pero no sabía cómo podía
cambiar, así que le pidió ayuda a su padre.
-¿Podrías ayudarme a tener mejor carácter, a
ser más amable?
-Mira, vamos a hacer una cosa. Te voy a dar
este martillo y esta bolsa con clavos. Quiero que cada vez que te enfades, que
discutas con alguien, que pierdas la paciencia... claves un clavo en esa puerta
de ahí.
-Vale -contestó el hijo sin saber muy bien si
eso serviría para algo.
El primer día el niño clavó nada más y nada
menos que 30 clavos detrás de la puerta. El segundo día intentó controlarse y
consiguió clavar solo 25. El tercer día clavó 20 y así, poco a poco, comprobó
que cada vez necesitaba usar menos el martillo, que estaba consiguiendo
controlar sus enfados y discusiones.
Y llegó el día en el que no clavó ninguno.
-¡Ya está, ya lo he conseguido! -le dijo a su
padre- Hoy no he clavado ningún clavo.
-Muy bien, pero aún no hemos acabado, ahora
debes quitar un clavo por cada día que pase sin que te enfades.
Fueron pasando las semanas, los meses... hasta
que en la puerta ya no quedaba ni un solo clavo.
-¡Papá, papá, ven, ya no queda ni uno! -le
dijo con alegría.
-Muy bien, hijo, has hecho un gran trabajo. Estoy muy orgulloso de ti. Felicidades.
Eso sí, ten en cuenta que esa puerta
nunca volverá a ser la misma.
domingo, 18 de octubre de 2020
Mundo Primaria
Cuento: "El anillo"
El mensaje del anillo
Durante tres días y tres noches, nadie durmió en el palacio. Todos querían ofrecer la mejor frase a su emperador, un hombre generoso que sabía recompensar a los que le servían bien.
Le presentaron tratados de astronomía, textos en arameo y fórmulas matemáticas de gran complejidad. El emperador las rechazaba desesperado: ¡solo necesitaba dos o tres palabras capaces de dar aliento! Y ninguno de sus sabios lograba encontrarlas.
—Señor, sé que no sé nada, soy solo un humilde labrador —le interrumpió un anciano—, pero a veces se sabe más por viejo que por inteligente. En mi larga vida he conocido a mucha gente que ha pasado calamidades. He perdido cosechas, pastores a los que los lobos habían matado todo su ganado…
El emperador prestaba atención al campesino, que continuó:
—Pero lo más maravilloso que me ha sucedido fue la visita de un peregrino al que di cena y lecho. A la mañana siguiente, para agradecerme mi hospitalidad, me dio un mensaje que me ha sacado de todos los apuros. Os lo puedo dar…, pero debéis esconderlo en el anillo y leerlo solo cuando no encontréis salida a una situación, cuando todo lo demás haya fracasado.
Impresionado por aquella historia, el emperador aceptó el mensaje misterioso, que estaba cuidadosamente doblado y lacrado. Lo entregó al joyero para que lo situara bajo el diamante y se olvidó del asunto.
Un año después, el país fue invadido y el gobernante tuvo que huir solo a caballo. Tras cruzar un bosque y escalar una escarpada montaña, se encontró frente a un precipicio con los enemigos cortándole la salida.
Al pensar que el final había llegado a buscarlo, se acordó del anillo que llevaba puesto desde aquel día en su dedo anular.
Arrancó el gran diamante y desplegó el papel que el campesino le había entregado con tanto cariño: «ESTO TAMBIÉN PASARÁ».
El emperador se dijo que era cierto. Tanto si lo mataban como si caía por el barranco, el mal trago acabaría pasando.
Mientras pensaba en todo esto, se hizo el silencio y una paz suave pareció llenarlo todo. ¿Sus enemigos se habían perdido por el bosque? ¿O tal vez habían decidido retroceder porque se habían desanimado? Guardó con cuidado el papel en el interior del anillo y se sentó al borde del precipicio lleno de calma.
Una hora después, un grupo de soldados fieles acudieron a su rescate y le explicaron que el ejército enemigo se había dispersado tras surgir una pelea entre dos cabecillas. Sus hombres habían aprovechado para reconquistar el territorio y la paz volvía a reinar en el país.
Decidió celebrar su victoria a lo grande: invitó a todo su pueblo a una semana de banquetes, torneos y bailes. Se asomó al balcón de palacio para recibir los aplausos de su pueblo. Allí estaban todos: grandes y niños, mujeres y hombres, ¡incluso los gatos y perros!
Sin embargo, lo que el emperador deseaba era reunirse con el labrador para agradecerle aquel regalo de tres palabras que, poniendo serenidad en su corazón, le habían salvado la vida.
Al caer la noche, montó en su caballo y fue en su busca para entregarle un regalo y devolverle el mensaje del peregrino, ahora que habían vuelto la paz y la prosperidad.
Pero el labrador le dijo:
—¿Quién te dijo que este mensaje era solo para los malos tiempos? Su verdad es clara y sirve tanto para los malos como para los buenos tiempos.
Sin entender qué le había querido decir con eso, el emperador volvió a leer el mensaje: «ESTO TAMBIÉN PASARÁ».
—Nada permanece, todo pasa —dijo el labrador—, lo malo y lo bueno. Las cosas que nos suceden y también las emociones que nos provocan. La alegría y la tristeza, el miedo y la seguridad, el dolor y la felicidad… son caras de una misma moneda: nuestra vida. Hay que vivir el momento y saber aceptarlos por igual.
Cuento: "El oso"
El oso
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.
Cuando, cayó el sol un guardián de la cárcel le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida con la cuchara y mirando al guardián de la cárcel dijo – Pobre del zar.
- El guardián de la cárcel no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, - dijo- pobre de ti. Tu cabeza quedará separada de tu cuerpo unos cuantos metros mañana por la mañana.
- Sí, lo sé pero mañana por la mañana el zar perderá mucho más que un sastre, el zar perderá la posibilidad de que su oso, la cosa que más quiere en el mundo, su propio oso, aprenda a hablar.
- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el guardián de la cárcel sorprendido.
- Un viejo secreto familiar... – dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento:
¡¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!!
El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:
-¡¡Enséñale a mi oso a hablar!!
- Me gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo...
-El zar hizo un silencio, y preguntó: ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?
- Bueno, depende de la inteligencia del oso... -dijo el sastre-.
- ¡¡El oso es muy inteligente!! – interrumpió el zar
– De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
-Bueno, musitó el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos de...... DOS AÑOS.
El zar pensó un momento y luego ordenó:
- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre – Si tu mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia no podrá sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.
- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estaréis bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será negado... Pero, eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta... Desearás haber sido muerto por el verdugo... ¿Entiendes, verdad?.
- Sí, alteza.
- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños. Ya... ¡¡Fuera!!.
El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la frente – Si en dos años el oso no habla...
– Alteza... -
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO – chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca, ¡Estás, loco!
Enseñar a hablar al oso... Loco, estás loco...
- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas en dos años.
En dos años... – siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir yo... y lo más importante... por ahí el ¡¡oso habla!!
Cuento: "El caballo salvaje"
¿Buena o mala suerte?
No obstante, lo que maravillaba a todo el mundo era que Juang Hi siempre estuviera tranquilo.
Una noche que el cielo se enfadó y lanzó rayos y truenos sin parar, un caballo joven, salvaje y fuerte llegó hasta el establo buscando protección. Estaba herido.
Juang Hi, que era muy compasivo, lo cuidó con esmero. El caballo, agradecido, se quedó con él y con su hijo en el establo.
Todos los vecinos, que los querían, se alegraron de corazón porque su suerte por fin había cambiado. Acudieron a felicitarle y a ver el animal, que era un purasangre y valía mucho dinero.
Juang Hi siguió tranquilo y respondía siempre lo mismo:
—¿Buena suerte o mala suerte? ¡Nunca se sabe!
Sus vecinos no lo entendieron y la vida fue pasando.
Tras un par de semanas, el caballo, acostumbrado a la libertad, acabó huyendo. Juang Hi se encogió de hombros, entendiendo que el animal añoraba los campos.
Todos los vecinos se entristecieron y fueron a ver al desdichado para consolarlo. Él los recibió a todos con la misma frase:
—¿Buena suerte o mala suerte? ¡Nunca se sabe!
Algunos empezaron a creer que estaba perdiendo la cabeza. Aquello no tenía sentido.
Un mes después, el caballo regresó para asombro de todos. El invierno se acercaba y el animal añoraba a sus amigos humanos, la seguridad del establo y el calor. Y traía con él a toda su manada: dos yeguas embarazadas, tres potros jóvenes, cuatro crías y otros dos caballos jóvenes…
Nadie se podía creer aquello. ¡Qué milagro! Aquel pobre hombre se había vuelto riquísimo. Si vendía aquellos caballos o los alquilaba para trabajar, podría pasar el resto de su vida sin preocuparse por nada. Ni él ni su hijo. Eso le decían todos sus amigos.
Él les sonreía y volvía a repetir:
—¿Buena suerte o mala suerte? ¡Nunca se sabe!
Después de aquello, no quedó un solo vecino que no estuviera convencido de que él estaba chiflado.
«Debe de ser por tantas penas», opinaban unos. «¡Demasiados cambios!», opinaban los otros. Él no decía nada.
Al día siguiente, mientras su hijo limpiaba la herida de uno de los caballos salvajes, este se asustó y, sin querer, le dio varias coces. Era joven y no controlaba su miedo.
—¡Esto sí que es mala suerte! —se lamentaron todos los vecinos.
Estaban horrorizados, indignados y muy preocupados. Todos menos Juang Hi.
—¿Buena suerte o mala suerte? ¡Nunca se sabe!
Una semana después, un regimiento de soldados entró en el pueblo. Había estallado la guerra y obligaron a todos los hombres jóvenes a empuñar un arma y a irse con ellos. Al entrar en el establo y ver al hijo de Juang Hi tendido en la paja vendado de los pies a la cabeza, decidieron no llevárselo.
Aparte del chico, solo las mujeres, los niños pequeños y los ancianos se quedaron en el pueblo, y fueron al establo de Juang Hi para quejarse de su mala suerte al perder a padres, hijos y maridos.
—¡Qué buena suerte la tuya y la de tu hijo! —exclamaron.
Y él, sin dejar de cepillar a su primer caballo, respondió:
—¿Buena suerte o mala suerte? ¡Nunca se sabe!










